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·profecris

Antes me demoraba una hora por clase. Hoy planifico la semana completa en ese tiempo.

Qué había realmente dentro de esa hora, por qué planificar ciencias cuesta tanto, y cómo armé un sistema con IA que se hace cargo de la parte mecánica sin quitarme las decisiones pedagógicas.

Una hora por clase. Ese era mi promedio, y no porque me distrajera.

Cuando uno cuenta desde afuera lo que cuesta preparar una clase, suena a que el tiempo se va en hacer diapositivas bonitas. No es eso. En ciencias, preparar una clase es varias tareas distintas apiladas una encima de otra, y cada una pide un tipo de pensamiento diferente.

Hay que armar los esquemas: un ciclo, un proceso, una ruta metabólica, un árbol de clasificación. Esas cosas hay que dibujarlas bien o no se entienden. Hay que sentarse a pensar qué lograron los estudiantes la clase anterior y qué no, que casi nunca coincide con lo que uno planificó que iba a pasar. Hay que replanificar los conceptos que quedaron cojos, porque seguir avanzando sobre una base que no está no sirve de nada. Hay que anticipar las concepciones erróneas: qué van a creer que entendieron y en realidad no, qué idea previa traen que se les va a cruzar.

Y está la más difícil de todas.

El problema que más me costaba resolver

Uno evalúa y los resultados salen bien. Los estudiantes resuelven el ejercicio de estequiometría, hacen el cruce genético, balancean la ecuación. Uno respira aliviado.

Después les pones el mismo concepto en otro contexto. Es el mismo concepto, solo que la pregunta viene planteada distinta. Y no pueden. Se quedan pegados.

Ahí se ve que lo que aprendieron fue el procedimiento, no el concepto. Aprendieron a reconocer la forma del problema y a aplicar la receta que va con esa forma. Mientras el problema tenga esa forma, funciona. En cuanto cambia el envase, se cae.

Detectar eso a tiempo es difícil. Y diseñar actividades que lo prevengan, que obliguen a usar el concepto en contextos variados en vez de repetir el mismo molde quince veces, es de las cosas que más tiempo consumen y más criterio pedagógico exigen. Es exactamente el tipo de trabajo que uno quiere estar haciendo.

El problema es que ese trabajo compite con todo lo demás. Porque además de planificar hay que revisar pruebas, corregir guías, hacer actas, atender apoderados, cubrir un curso cuando falta alguien. Como docentes tenemos el tiempo contado y no es una manera de hablar: es una restricción real y dura. Cuando la semana aprieta, lo primero que se sacrifica no es lo urgente. Es lo importante.

Qué cambió

Hoy, en esa misma hora, planifico la semana completa de mis ocho cursos.

Quiero ser preciso con esto, porque “uso IA” se dice muy fácil y significa cosas muy distintas. No es que le pida a un chatbot “hazme una clase de mitosis” y pegue lo que salga. Eso lo probé y no sirve: sale material genérico, sin secuencia, con actividades que no evalúan nada y que ignoran por completo lo que mi curso específico ya sabe y ya entendió mal.

Lo que armé es un sistema. La IA trabaja dentro de una estructura que yo definí, con mis criterios pedagógicos escritos explícitamente, y con el estado real de cada curso a la vista.

El flujo, en simple

Funciona más o menos así.

Parto por el final. Antes de planificar una sola clase, defino cómo voy a evaluar la unidad. Suena al revés, pero es al revés a propósito: si sé exactamente qué quiero que sean capaces de hacer al final, cada clase tiene un criterio claro para existir o no existir. Las clases que no aportan a eso se caen solas.

Después defino la unidad. Un objetivo, tres focos, y el mapa de las sesiones. Nada más. Ese documento corto es la brújula de todo lo que viene.

Recién ahí vienen las clases. Cada clase se arma siguiendo una estructura pedagógica fija: se parte activando lo que ya saben y sacando a la luz la idea equivocada, se explica, se aplica de manera progresiva (primero con el ejemplo resuelto a la vista, después con andamio parcial, después solos) y se cierra recordando activamente. Las alternativas incorrectas de cada pregunta no son relleno: son las concepciones erróneas que sé que van a aparecer.

Las guías y la prueba salen del mismo lugar. Escribo un banco de preguntas por unidad y de ahí se generan las guías de práctica y la evaluación, en dos formas distintas con las preguntas y las alternativas barajadas, cada una con su pauta de corrección. La prueba y las guías miden lo mismo que enseñé, porque salieron del mismo archivo.

Y queda el texto administrativo. La prosa que hay que pegar en la plataforma del colegio se genera sola a partir de todo lo anterior.

Lo importante: las decisiones siguen siendo mías. Qué se enseña, en qué orden, qué concepto quedó débil y hay que retomar, qué error específico vi en las pruebas y hay que atacar esta semana. Todo eso lo pongo yo, y es lo que hace que el material sirva para mi curso y no para un curso genérico. Lo que delegué es la parte mecánica: redactar, formatear, barajar alternativas, armar el Word con membrete, mantener todo consistente. Que era justamente la parte que más tiempo me comía y menos valor pedagógico tenía.

Este texto también lo escribí con IA

Y me parece importante decirlo en vez de disimularlo.

Este post lo armé igual que armo mis clases: puse las ideas, el orden en que quería contarlas, los ejemplos, lo que me importaba dejar claro y lo que no quería que sonara a publicidad. La IA lo ordenó y lo redactó. Después lo revisé y lo ajusté.

No lo veo distinto de usar un procesador de texto en vez de escribir a mano. La herramienta no tiene las ideas: adopta mi esquema mental y me permite comunicarlo de manera más simple y más rápida de lo que yo lo haría solo un martes a las once de la noche.

Creo que como docentes tenemos que ser eficientes y sacarle provecho a estas herramientas, sin ingenuidad y sin miedo. Sin ingenuidad, porque una IA suelta produce material mediocre y con errores, y en ciencias un error conceptual mal detectado se lo llevan los estudiantes puesto. Y sin miedo, porque el tiempo que uno recupera no desaparece: se va a lo que de verdad importa. Yo estoy usando ese tiempo en mirar mejor qué están entendiendo mis estudiantes y qué no, que es lo que ninguna herramienta puede hacer por mí.

Lo que viene

Tengo ganas de meterle gamificación a estas clases. No estrellitas ni rankings, que ya los descarté y expliqué por qué en el post anterior. Hablo de mecánicas que hagan que aplicar un concepto se sienta como resolver algo, no como rendir una prueba. Todavía lo estoy pensando.

Si tienen sugerencias, ideas, o vieron algo que les resultó con sus cursos, escríbanme. También si son estudiantes míos y se les ocurre algo que les gustaría que la página hiciera: en serio, escríbanme.

Saludos a todos y todas.